Empezar de cero (otra vez)

Estoy a punto de dejar el hogar en el que he vivido durante los últimos 7 años. Y no solo el hogar: también el país. Después de 13 años viviendo en el extranjero, vuelvo a España.
Nos mudamos toda la familia a Madrid y dejamos atrás Ámsterdam, una ciudad que ha sido nuestro hogar durante muchos años y que ha dado forma a gran parte de la vida que tenemos hoy.
Mudarse nunca es solo cuestión de cajas. Es dejar atrás una vida que construiste desde cero: llevar a los niños al colegio, amistades, trabajos, lugares favoritos y rutinas que tardaron años en convertirse en algo normal… y, de alguna manera, tener que volver a construirlas en otro lugar.
Yo ya lo he hecho antes, varias veces, de hecho. Fuera de España, he vivido en varios países: Surinam, Francia, Panamá, Jamaica y los Países Bajos.
Antes pensaba que mudarse era fácil: hacer las maletas, organizar el papeleo, despedirse, subir a un avión y empezar de nuevo.
Pero esta vez lo hago con dos niños y un negocio que también se viene conmigo. Hay colegios que organizar, rutinas que proteger, un nuevo hogar que crear y un piso entero que trasladar de un país a otro.
Y quizá la mayor diferencia es que ahora sé que nunca empiezas realmente desde cero.
Te llevas todo contigo: la experiencia, las personas, las lecciones, todo lo que has aprendido sobre ti mismo y, por supuesto, demasiadas cosas.
La logística de una mudanza
Nunca es fácil dejar una casa. Esta vez no solo estamos trasladando cajas. Estamos trasladando todo nuestro piso: muebles, bicicletas, un coche y un trastero lleno de cosas que, de alguna manera, hemos ido acumulando durante siete años.
Nuestra última mudanza fue completamente diferente. Teníamos unas 30 cajas y nos mudamos de un piso amueblado a otro. Esta vez, estamos vendiendo algunos muebles, quedándonos con otros, transportando todas nuestras pertenencias y creando un nuevo hogar desde cero. Lo que significa mucho más planificación… y muchas más decisiones.
Nuestro sistema
Mi marido y yo estamos organizando esta mudanza siguiendo 3 principios:

Tareas compartidas: Tenemos una única lista larga de tareas administrativas en la app Recordatorios, con las tareas asignadas por nombre. Tenemos 3 grandes categorías: Niños, Administración y Casa, con subtareas dentro de cada una. Ver cómo la lista va haciéndose poco a poco más pequeña es, por sí mismo, un pequeño alivio.
Preparar el piso antes de que lleguen los de la mudanza: Estamos vendiendo muebles, reparando paredes, quitando decoración, desmontando lámparas, vaciando armarios y dejando todo preparado antes del día de la mudanza. El objetivo es sencillo: hacer que el día de la mudanza sea lo más fácil posible.
Proteger las rutinas de los niños: Hasta el último momento, estamos intentando mantener sus días lo más normales posible. He creado un calendario para el mayor para que pueda ir contando los días. Quiero que la mudanza se sienta como una transición, no como si todo su mundo desapareciera de repente.
Las cosas que estoy haciendo antes de irnos

Una de las cosas que he aprendido después de mudarme de país es a no dejar el papeleo para el último momento.
Tengo carpetas separadas en mi correo electrónico y en mi ordenador para cada país, y subcarpetas para cada tema.
Entonces, ¿qué es importante tener en cuenta cuando te mudas de país? Guardar los historiales médicos, dentales, documentos financieros, informes escolares, documentos del seguro…
Tengo una lista de todos los documentos que necesito solicitar y archivo todo —digital y físicamente— antes de irnos, para cada miembro de la familia.
Lo mismo ocurre con hacer las maletas: primero tenemos que reducir:
La ropa de los niños que no necesitamos se la damos a amigos o la vendemos en plataformas de segunda mano.
Los muebles que no nos llevamos los vendemos también de segunda mano.
Y todo lo demás tiene que responder a una pregunta: ¿merece la pena llevárnoslo? Aquí aplico el principio de conservar, donar, vender o tirar.
Cuando te mudas de país, cada objeto tiene un coste. Cuesta dinero transportarlo, espacio para almacenarlo y energía para empaquetarlo y volver a desempaquetarlo. Por eso estamos intentando ser eficientes y decidir de antemano qué queremos conservar, donar, vender o tirar.
Si no hemos utilizado algo durante un año y no tiene un valor sentimental real, intentamos dejarlo ir.
También hay una parte emocional en todo esto. Algunos objetos representan una etapa de nuestra vida, y deshacerse de ellos puede sentirse un poco como deshacerse del recuerdo. Pero me recuerdo a mí misma que el recuerdo no vive en el objeto.

Y cuando llega el momento de hacer la mudanza propiamente dicha, preparo un par de maletas con todo lo que vamos a necesitar durante los primeros días: productos de aseo, medicamentos, ropa, documentos importantes, ordenadores, juguetes para los niños… Solo lo esencial, ya que el camión de la mudanza no tardará demasiado en llegar.
Conocer nuestro nuevo hogar
Incluso antes de mudarnos a nuestro nuevo hogar, ya teníamos el plano y habíamos pensado dónde iría cada cosa una vez que llegáramos al piso. Tengo algunas ideas sobre la distribución de los muebles y sobre qué tipo de almacenamiento necesitaremos.
Pero, deliberadamente, todavía no estoy comprando nada. Primero quiero estar en el piso, pasar unos días entendiendo cómo funciona el espacio y después tomar decisiones.
Puedes calcularlo todo sobre un plano, pero no puedes entender completamente un espacio hasta que estás dentro de él.
Así que, por ahora, tengo una imagen mental de nuestro nuevo hogar, una larga lista de medidas y varias ideas guardadas en el móvil. El resto puede esperar.
Empezar de cero... pero no del todo
Lo curioso de haberse mudado tantas veces es que te vuelves muy bueno empezando de nuevo.
Aprendes a encontrar un supermercado en una ciudad nueva, a hacer amigos, a desenvolverte en un nuevo sistema escolar, a encontrar tu cafetería favorita y a convertir un piso vacío en un hogar.
Pero también aprendes que nunca empiezas realmente desde cero.
Cuando lleguemos a Madrid, tendremos que crear nuevas rutinas y hacer nuevos amigos. Los niños tendrán colegios nuevos. Tendremos que descubrir nuestro nuevo barrio, nuestro nuevo trayecto al trabajo y nuestra nueva vida cotidiana.
Pero ya no somos las mismas personas que llegaron a Ámsterdam hace 7 años. Nos llevamos todo lo que esos siete años nos han dado, y quizá eso es lo que hace que esta mudanza sea diferente.
No estoy dejando una vida atrás para empezar otra. Me llevo una vida conmigo y estoy construyendo el próximo capítulo a partir de ella.
Por ahora, sin embargo, todavía quedan cajas por hacer, muebles que vender, papeleo que terminar y una lista —cada vez más corta— en mi app de Recordatorios.
¡Estoy muy ilusionada con todo lo que viene!



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